Las locas aventuras superdivertidas... ¡DE MOTA!

11 mar. 2011

Mota, ser magnificado ya de por sí gracias a su falsa egolatría que ha ido digievolucionando gracias al paso de los años y de los cubatas, no es más que uno de los muchos compañeros de clase que he tenido que soportar durante mi vida. Que se haya consolidado como una persona desquiciante, cateta y falta de vergüenza ajena no resultaría ningún misterio, de no ser porque, en Mota, dichas cualidades, si no defectos, están elevadas al cubo. No, más aún.

Méndez: Mota, así no llegarás a ninguna parte.
Mota: Qué dices, si ya tengo tres entradas en tu blog.
Méndez: Hijo de puta. 

Pero, esta vez, debo anunciar algo. En esta ocasión, la entrada no se limitará en las nada interesantes conversaciones que yo, como humano lógico y racional que soy, mantengo con Mota por msn. No, ni hablar. Será algo más maquiavélico, más retorcido.

Y, como hace mucho, pero mucho tiempo que no veo a Mota, cuando comenzaba a preparar esta entrada, he ido recordando muchas de las gilipolleces que hacía tanto en clase como fuera de ella, en tiempos mozos.

Efectívamente, esta vez será justo eso.

Las locas aventuras superdivertidas de Mota.

Lo primero que se me viene a la cabeza sobre Mota cuando pienso en él (además de un repelús que me recorre la columna vertebral), es un recuerdo que tengo de hace, más o menos, unos tres años.

Por cosas del destino, al cual le mando un caluroso saludo y mis más sinceros deseos de que se muera de diarrea, acabé sentado al lado de Mota en clase durante todo un curso. Así que sus tonterías salpicadas de saliva me golpeaban directamente. Una de ellas, fue cierta ocasión en la que discutíamos sobre el destino del viaje de fin de curso. Como podrán imaginar, Londres e Inglaterra en general era una de las opciones más apetecibles. Esta decisión pareció alegrar enórmemente a Mota, quien, con todos los ánimos y la impetuosidad del momento, se levantó como una exhalación de la silla y anunció en voz alta lo siguiente.

Mota: ¡Yo quiero ir a Londres, que así podré ver la Torre Eiffel!

Conozco a Mota de hace más de diez años. Sé que lo dijo en serio. Lo juro.

En ese mismo viaje, que más tarde se realizó, me ví obligado a compartir habitación con Mota. Bueno, realmente la única persona que me caía bien de toda la clase no fue, así que, a grandes males, grandes remedios.

La cosa es que, cuando llegamos a la habitación, perdí de vista a Mota. Eché un ojo por el cuarto y por la planta, pero no lo ví por ninguna parte. Animado por esto, me tumbé tranquilamente en la cama. Poco me duró la paz, ya que Mota apareció por la puerta con una sonrisa triunfal mientras sostenía una montaña de sobres de azúcar y café.

Méndez: Mota, normalmente evitaría iniciar cualquier conversación contigo, pero, ¿qué haces con eso?
Mota: Nada, lo he pillado gratis en la cafetería.
Méndez: Deja de hacer tonterías, anda.

Pero Mota no me escuchaba. Tenía la mirada clavada en el techo. Miré hacia arriba para ver qué demonios podría haber llamado su atención, y me maldije en aquel mismo instante: el ventilador. Era verano, así que lo tenía puesto en la máxima velocidad. Cuando volví a mirar a Mota, ya había lanzado todos los sobres al ventilador. Creo que el nefasto resultado pueden imaginárselo.

Para quitarse de encima aquella especie de mejunje Art Attack que había creado, Mota tuvo una brillante idea; bañarse. Así que abrió el grifo de la bañera, puso el tapón, cerró la puerta del baño tras de sí y se dispuso a abrir su maleta para coger la ropa limpia. Mientras lo preparaba todo, unos compañeros de clase vinieron a la habitación y se acoplaron a jugar a una PS2 que Mota se había conseguido traer. Yo me limitaba a leer mi libro y a hacer una mueca de asco cada vez que marcaban un gol en el Pro.

No recuerdo cuanto tiempo pasó, pero harto ya de oirlos, decidí salir a dar una vuelta por el hotel. Dejé el libro abierto por la página que estaba leyendo y bajé de la litera.

CHOF.

Agua. Me quedé un rato medio paralizado, mirando a Mota con ganas de arrancarle la cabeza de un mordisco. Respiré hondo, intentando calmarme. No lo conseguí, así que le increpé a Mota con mi habitual amabilidad.

Méndez: ¡PERO SERÁS IMBÉCIL! 

Mota fue corriendo, chapoteando por la habitación, hasta el baño. Salía agua de debajo de la puerta. Mota abrió la puerta. Repito: Mota, abrio, la, puerta.


Mota cogió sábanas de todos los cuartos que pudo y las puso en el suelo a modo de esponjas. Funcionó medio bien, he de decir, pero Mota no durmió en la habitación esa noche.

Dejando a un lado esta desastrosa experiencia, no voy a negar que Mota sea una persona con un mínimo de imaginación. Cierto día, íbamos a hacerle un regalo a un profesor de se jubilaba, así que entré con Mota en una tienda cualquiera. Y Mota, no tiene pelos en la lengua.

Mota: Señor, ¿tienen Chuflay?
(Nota: Tras años, he descubierto que, de hecho, el Chuflay existe, es un tipo de bebida boliviana. Pero Mota lo dijo creyendo que esa palabra no existía.)
Dependiente: ¿Perdón?
Mota: Chuflay.
Méndez: ¿Perdón?
Dependiente: ¿Y eso qué es?

Mota se quedó dubitativo unas milésimas de segundo. Y lo que dijo, jamás se me podrá olvidar en la vida, por mucho que lo intente.

Mota: Hombre, pues un Chuflay. Una guitarra pero sin laud. Como cuando pides en el McDonald's un Chuflay de naranja sin lechuga, pues eso. Un Chuflay.


Agarré a Mota y lo saqué de allí a rastras antes de que el dependiente pudiera reaccionar. Creo que aquel hombre necesitará un psicólogo para el resto de su vida.

Mota es el individuo más desconcertante que jamás he visto en toda mi vida. Es hipnótico, parece moverse a cámara lenta. Lo he observado en muchas de sus facetas y estados de ánimo, y no consigo encontrar un motivo de su forma de ser. Supongo que vive a su manera, lo cual, a pesar de su pésimo gusto musical, su evidente falta de vocabulario, su horrible ortografía, la ausencia de principios, moral y lógica en su comportamiento y la repulsión que me hace profesarle, dice mucho de él.

...

Y una mierda.

Mota es idiota. Punto.

9 parida(s):

Sap dijo...

¿Y después del viaje ese conseguiste aun salir medio cuerdo?

Te admiro, tío... .____.U

Méndez dijo...

Lo sé, fue horrible...

Mr. Angelu dijo...

Joder... Vaya personaje es Mota. Ha conseguido crear la típica situación de la bañera desbordándose que sale en tantos dibujos animados.
En serio, no sé cómo puedes convivir con semejante espécimen.

:Pablo dijo...

Descanse en paz, Common Sense.

Méndez, se supone que un viaje de fin de curso es para disfrutar. Eres un suicida mental en toda regla.

Méndez dijo...

[Mr. Angelu]

Francamente, yo tampoco lo sé.


[:Pablo]

Bueno, en eso estamos de acuerdo. Y en lo de que un viaje es para disfrutar también.

Anónimo dijo...

Creo que muy en el fondo aprecias a mota, XD

Méndez dijo...

Andá, pues claro. Como que es una fuente de inspiración/recurso importante sobre la/el cual escribir...

:Pablo dijo...

Por cierto, ¿qué pasó con aquel MG del Gouf? ¿Cómo fue el primer Gunpla de Méndez?

Méndez dijo...

Sigue en la caja, sin montar. No sé por qué, la verdad.

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