Por favor, evoluciona a tus Pokémon.

28 abr. 2012


Pues a mí me gustan los videojuegos. Y cuando acabe de teclear esto, cogeré una espada láser y mataré a mi familia, me desnudaré, me bañaré en su sangre y vísceras y recitaré un cántico dirigido a Belcebú. Porque es divertido. Los videojuegos también. Y de eso hablaremos hoy. 

Uno de los temas que quiero tratar es el siguiente: Es un pequeño aspecto que me lleva intrigando desde hace lo suyo. Es menester exponerlo como es debido, así que allá voy: ¿La dificultad de un videojuego es un factor a tener en cuenta para que éste sea entretenido? La respuesta es sí, desde luego. Pero ahora sólo resta discutir hasta qué punto. Pues yo quiero juegos que sean difíciles. O que en su defecto, que no sean fáciles. Atlus es quien más se acerca a esto, claro. Obviamente, se pasan. Pero bueno, mejor que sobre a que falte, ¿no?

Todo esto me ha venido a la mente mientras jugaba a Pokémon. Como siempre. Es el “Ir a cagar” videojueguil. Pokémon, en su esplendor. Edición Plata. Varias veces me he quejado de la perdida de interés que tiene cualquiera en el juego tras pasarse la Liga Pokémon. Completa la Pokédex. Completa tú mis cojones. ¿Para qué? Es estúpido. Yo lo siento, pero completar la Pokédex es algo estúpido.

Estaba yo en la Ruta X. En Kanto. Tras la Liga, entrenando un poco, qué se yo. Lo normal. Uno de los entrenadores con los que me encuentro tiene un equipo formado por tres Magikarp en el nivel 18. Maldita sea, me digo. Menuda puta mierda de combate. Lo más gracioso es que el tío después tiene la cara dura de pedirme el número de teléfono. Esto en Pueblo Paleta se llama pederastia, pero no entremos en esos temas, que Absurdérrimo es un blog para todas las edades. No pasa nada, pienso poco después, al encontrar otro entrenador. Seguro que este tío tiene un equipo decente. Es decir, estoy en Kanto, después de pasarme la puta Liga Pokémon. Mi equipo está por encima del puto nivel cincuenta. Dadme algo decente. Necesito experiencia. Porfa.

Pokéfan Fulanito quiere luchar. Muy bien. Pokéfan Fulanito saca a Charmander. Pokéfan Fulanito saca a Bulbasaur. Pokéfan Fulanito saca a Squirtle. Todos al nivel cuarenta.

Me ofendo. No, no. Me ofendo. Me ofende, el juego me está ofendiendo.

EVOLUCIONA A TUS PUTOS POKÉMON. EVOLUCIÓNALOS. MALDITA SEA, DARWIN, SELECCIÓN NATURAL MIS COJONES. EVOLUCIONA A TUS POKÉMON, TÍO CUTRE. TIENES UN PUTO CHARMANDER. QUÉ COÑO, TIENES A LOS TRES PUTOS POKÉMON INICIALES. EVOLUCIÓNALOS.

Quiero ser un Metagross. Por favor.

No, en serio. Este tío es subnormal. Y no es el único. Haz memoria. Seguro que muchas veces has luchado con entrenadores cuyos Pokémon estaban a un nivel elevado y no estaban ni evolucionados. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene? ¡Esto es un despropósito! ¡LO ES! ¿Por qué no querría alguien evolucionar a sus Pokémon? Que alguien me lo explique. Vale, sí. La única explicación posible es que si no lo evolucionas, normalmente, aprende movimientos nuevos con más facilidad. Pero, ¿de verdad crees que alguien que atrapa y entrena tres Magikarp o que te reta diciendo “Hola, me gustan los pantalones cortos” tiene suficientes neuronas como para procesar esta información?

No. Ni hablar. No me seas cutre. Evoluciona a tus putos Pokémon.
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Estoy viejo.

23 abr. 2012

Me duelen las rodillas. Pero nunca llueve.


Estoy viejo. Me siento viejo. No encima de un viejo, como a veces me gustaría, sobre todo cuando se intentan colar en la parada del bus. Os lo pongo por partes por si no lo entendéis. Yo, sentir, viejo. Es así. Y no hay más. Me di cuenta el otro día, que iba con la parienta por ahí, paseando por esta polis multicultural y panocha que es Murcia. No recuerdo de qué estábamos hablando, pero llegados a cierto momento ocurrió: Es lo que hay, le dije medio resignado, si en veinte años que tengo aún no ha pasado, no va a pasar. Veinte años no, me respondió, indignadísima, como si realmente fuera mucho más joven. Pues no. Efectivamente, le concedí, no tengo veinte años, pero casi. Estamos viejos. Estoy viejo.

Lo he estado pensado. Y tengo razón. Me estoy haciendo viejo. Lo noto, lo noto. Créanme. Pero hacerse viejo más que el hecho de envejecer (cosa que hacemos todos, quitando a Jordi Hurtado y a Nobita), se refiere a un concepto el cual no es posible definir. Podría intentar acercarme, cogiéndolo con pinzas o teniéndolo atado con una cadena cual león y Ángel Cristo. Quizá sea realmente el hecho de madurar. Pero ni soy un níspero amargo ni hago nada por crecer. Verbigracia, hoy mismo he dicho, en un arrebato de neoromanticismo: Croquetita, ya voy por la Liga Pokémon. A pelo. Sí, señor. Yo aún voy por la Ruta 4, me responde ella. Así nos va.

Pero cuando empiezas a ver que el dinero que te mete tu madre de vez en cuando en el banco empieza a gastarse a una velocidad preocupante, te das cuenta de eso: Estás mayor. Antes era increíble, con alrededor de cincuenta euros podría mantenerme un par de semanas y que incluso me sobrase algo de dinero para comprarme un cómic de Batman. Bah, si me quedo hoy sin cenar y si voy andando a los sitios puedo ahorrar un poco y me compro cualquier cosa. Ja. Y ves que el dinero que antes chorreaba libido de forma viciosa en tus manos sucias y llenas de juventud se te escurre entre los dedos de tanto transporte público, fotocopias y condones. Te has hecho mayor.

He dejado de jugar al Persona. Y al Shin Megami Tensei. No porque quiera, entiéndanme, sino porque no encuentro momento para hacerlo. Los días se me pasan increíblemente rápidos. Antes solía pasarme los sábados enteros jugando al Persona 4. Desde que me levantaba hasta que me acostaba. Y tarde, eh. Con paradas para ir a comer y al baño nada más. Y me lo pasaba bien. Te lo pasas bien, eres un crío y te lo pasas bien viendo a Mara y maximizando sólo los Social Links de las chicas para ver si te las trincabas.

He vivido esto. Estoy viejísimo.

He dejado de descargar anime. El poco anime que veo ahora son los clásicos que veía hace años y aún tengo guardados en deuvedés, con la moza y algún amigo a veces. Empiezas a ver más cine, más películas de actores de verdad y señoritas de pechos inferiores al tamaño de sus cabezas. No porque pienses que la animación sea para niños o deje de gustarte ver las cosas que inventa Shaft, sino porque una película te ocupa normalmente menos tiempo y menos esfuerzo de seguir.

He dejado de ir a las tiendas de cómics, una vez más, no hay tiempo. No hay tiempo para nada. Ayer me quedé preocupadísimo: Tras acabar por tercera vez la adaptación de la primera novela de Haruhi Suzumiya, me dije: Vaya, ¿habrán sacado ya la siguiente novela? Maldita sea, ni siquiera he empezado la sexta novela, la cual compré hace meses. Meses. O el año pasado, no lo sé. Antes estaba todas las putas semanas en Yakata, buena y amplia tienda de cómics murciana, “¿Ha llegado ya? ¿Ha llegado ya?”

Y es que ahora tus prioridades están difuminadas. Las mías, al menos. Mentiría como un vulgar bellaco si me excusara diciendo que me estoy enfocando (o esforzando siquiera) en la Universidad y en la carrera. Qué va. Si hay días que no hago nada. Nada. Ni voy. ¿Pa’ qué? Me van a excusar, pero esto es así. Para muestra un botón: Durante la clase de hoy de Lengua Inglesa (no confundir con “Inglés”, que ahí aún se pronuncia el artículo “The” como /de/, qué vergüenza) ha pasado justo al lado de la universidad una manifestación. Nada más oírla, algunos alumnos, que ya de por sí eran pocos, se han levantado a mitad de la clase y se han ido. No crean que iban a unirse al burdo intento de manifestación que pasaba por allí casualmente. Ni hablar. Iban riéndose y alguno se atrevía a decirle a su amigo: Jo, jo, justo a tiempo. Sólo ha faltado un “Qué malote soy”. En estas que se han ido y yo, que soy como soy, no he podido evitar soltar una frase. Estos jóvenes de hoy en día, digo. El problema es que me ha salido tan natural, tan creíble, que no puedo sino teclear estas teclas en las que ya se empieza a borrar la W y quejarme, como hago siempre: Estoy viejo.

Porque lo estoy. No lo podría definir de otra forma. Hay que joderse.

(PD: MIERDA. Y ahora me cambian Blogger. Maldita sea mi suerte.)
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Si tienes déficit, no vayas a conciertos.

17 abr. 2012

Murcia tampoco está tan mal. Los murcianos no son tan tontos. Ya conocen el fuego, la rueda y están empezando a aprender a sacar tajada turística de la Catedral tan grande e innecesaria que tienen en medio de la ciudad. También hay algo de valor cultural, incluso. Bibliotecas y cosas así. A veces hay hasta conciertos. De los que me gustan a mí, digo. No obstante, el acudir a uno de ellos y pasarlo bien son cosas distintas. Hace poco fui a varios. Del tirón. Los ponen demasiado juntos para mi gusto. Pero en fin.

Total, que uno es viejo. Uno es un caballero, con educación, buen gusto, saber estar, mucho resquemor acumulado en las gónadas y una afilada moral de doble filo. Cuando una persona va a un concierto, por muy malo que sea, va a pasarlo bien. A estar ahí con sus amigotes y pasar un buen rato. Muy bien. Es lo que es. Y yo también lo hago, caray.

El problema es que la gente, no sólo la de Murcia, no vamos a generalizar, que así se ofenden más personas, pues aprovecha para perder la cabeza. Sí, bueno. La gente está muy loca, fiesta, todos borrachos, incesto y tal. Admito que soy algo delicado, pero sí que creo conveniente saber guardar las maneras hasta en un puto concierto. Y creo que he de señalar ciertas prácticas que veo totalmente deleznables dentro de un evento como tal. Ahí van:

Los teloneros tienen sentimientos: Aunque cueste creerlo. Está claro que vamos a ver al grupo estrella de la noche. Pero no por eso tenemos que estar recordándoselo todo el rato a los pobres chavales que salen antes de dicho grupo para intentar animar la noche un poco. Es una falta de respeto bastante grave.

Hay una anécdota, por la cual los seguidores de Mägo de Oz tienen mi desaprobación total, en la cual se organizó un concierto con varios grupos menores, Mägo de Oz y Katatonia. ¿No conoce Katatonia? El resto de Europa sí, tranquilo. Es un grupo con más experiencia que los otros fantoches, que ya de por sí no suele venir nunca a España. Deberíamos estarles agradecidos por venir, vaya. El problema es que durante el recital de Katatonia, los energúmenos de los asistentes impidieron que los pobres tocaran el tiempo establecido para ellos, porque “querían que los grandes Mägo salieran a escena ya”.

Otra cosa muy distinta es cuando no se cumple el horario. Fui a un concierto de los Mojinos Escozíos en cuya entrada y cartel se especificaba que el telonero (una choni de aquí de Murcia, que poco tiene que ver con los Mojinos) saldría a escena a las 9 en punto. Acudí con la parienta y unos hamijos sobre las diez y media, con la esperanza de no tener que ver al telonero. Los Mojinos tocaban a las once en punto, así que estaba bien. Pero a las doce y pico, cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos salir al telonero. Ahí ya ni respeto ni pollas. Si los organizadores no tienen respeto por el público y los horarios, yo no voy a tenerlo si no me dan lo que me han prometido.

Por favor, cállate: Me he gastado mis putos euros en la entrada. He pagado por ver al grupo tocar. También he pagado por ver al vocalista cantar. Podéis corear los estribillos y cantar los bises, que para eso están. Pero, ¿te sabes todas las putas letras de todas las putas canciones? Estupendo. ¿Vas a cantarlas enteras? Ojalá tu abuela se muera de cáncer. Muchas veces por culpa de fans histéricos subnormales que se empeñan en cantar todas y cada una de las canciones del grupo, no acabo ni escuchando al grupo en sí. Es horrible.

Cervezas no, que me enamoro… del tumor que deseo que te entre: Nunca, y repito NUNCA, por favor, entres en medio de la marea de gente con un vaso de cerveza o bebida cualquiera. Al menos no si están llenos. Porque el público no se va a estar quieto. Y con cualquier mal empujón, el contenido de tu vaso puede acabar en cualquier camiseta ajena. La mía, por ejemplo.

Nada de móviles o cámaras: Es que es de subnormales. Lo siento, pero no lo entiendo. Porque, aparte de que molestas a los demás, igual porque dicho aparato les obstaculiza la visión del escenario o por lo que sea, si estás todo el rato grabando o echando fotos, igual soy yo, pero creo que NO DISFRUTAS DEL PUTO CONCIERTO. Subnormal.


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El Persona 5.

10 abr. 2012

Atención: Entrada puramente humorística. NO TOMAR EN SERIO.
Entrada basada, además, en el Señor Crapsmith, creación de Reflexiones de un tipo con boina, un blog más divertido y molón que este.


Hay un dicho bastante conocido que podría emplear en esta ocasión: La paciencia es una virtQUIERO MI PERSONA 5 YA.

Méndez: ¿Qué coño? Si Atlus no lo hace lo voy a hacer yo. Señorita Smith, páseme con Katsuro Hashino.
Caym: Dos cosas: Ni soy una mujer, ni me llam...
Méndez: ¡NO HAY TIEMPO PARA ESAS MINUCIAS!
Caym: Pero te estoy diciendo q...
M: ¡YA!

Katsuro Hashino: ¿Llamaba usted?
M: ¡Ya lo creo que llamaba! ¿Cuál es su puto problema?
KH: ¿A qué se refiere?
M: ¿Usted qué cree? Quería preguntarle cuando planean ponerse manos a la obra con el Persona 5.
KH: ¿Persona 5?
M: Efectivamente. ¿Usted recuerda cuándo lanzaron el Persona 4?
KH: Hombre, la verdad es...
M: ¡La verdad es que ya ni se acuerda! ¿Cómo iba a hacerlo? Pero yo sí, no se crea. 2008. ¡2008, hombre de Dios!
KH: Pero hemos estado muy ocupados con los diversos remakes de otros juegos, Catherine, Devil Survivor 2 y un montón más. Hacer un Persona nuevo no es moco de pavo, no es algo que...
M: Ya lo sé. Y le pregunto: ¿Todo eso para qué? No se crea que no juego ni disfruto de sus remakes y versiones para otras consolas de viejos clásicos, pero sinceramente, creo que es hora de que se ponga a currar.
KH: Qué guay, mis iniciales son como las del Kingdom Hearts.
M: ¿ME ESTÁ ESCUCHANDO?
KH: Que sí, que sí.
M: Bien, lo primero es el argumento. Saque papel y un boli y apunte.
KH: Usted dirá.
M: He estado pensando en que usted tomo referencia de Sir Arthur Conan Doyle y Agatha Christie y cosas así para crear la historia del Persona 4.
KH: ¿Ajá?
M: Pues bien, quiero que ahora mismo vaya usted a comprar y a leer lo siguiente.
KH: Tomo nota.
M: Beowulf.
KH: ¿Qué?
M: Beowulf.
KH: ¿Y qué tiene que ver eso con la saga?
M: Absolutamente nada. Por eso me gusta.
KH: Pero...
M: Y algo de Nietzsche. A todo el mundo le gusta Nietzche. Oh, y Batman.
KH: ¿Cómo dice?
M: Batman. Pero nada de Robin ni Nightwing, eso es muy gay.
KH: ¿Vamos a meter cosas de cómic?
M: ¿Por qué no? Si luego sacarán un manga del juego, es por agilizar las cosas.
KH: Pero si quiere meter elementos de cómic, ¿por qué no del japonés?
M: Porque ya se parece demasiado a JoJo's Bizarre Adventure como para meter más elementos.
KH: Persona no tiene nada que ver con...
M: Oh, y Mara va a ser el protagonista.
KH: ¿Qué?
M: Sí, sí. Ya lo creo. No entiendo como no se les ha ocurrido antes.
KH: No podemos meter a Mara como el protagonista.
M: Ustedes quizá no, pero yo sí, que para algo les estoy pagando.
KH: Pero es que...
M: Nada, nada. Lo dejo en sus manos. Señorita Smith, acompañe al señor Hashino a la puerta y haga pasar a Soejima.
Caym: Te vuelvo a repetir que...
M: ¡YA!
KH: ¡No podemos poner a Mara como protagMMMF. ¡MMMFFF!

M: ¡Soejima, viejo amigo!
Soejima: ¡Señor Méndez! Ha pasado mucho tiempo desde que le vi por última vez.
M: Sí, desde la reunión para el presupuesto del Persona 4.
S: Oh, sí, cierto.
M: Nada, Soejima: Escucha. He estado pensando que podría colaborar con sus magníficos diseños para el Persona 5.
S: ¿Qué Persona 5?
M: Vamos, vamos, señor Soejima, atienda. Ya que Mara va a protagonizarlo...
S: ¿QUÉ?
M: ...yo propongo un cambio en el diseño y...
S: Alto ahí. Disculpe que le interrumpa, pero ¿cómo va a ser Mara el protagonista?
M: Bueno, si conoce algún otro videojuego protagonizado por un pene verde gigante, hágamelo saber, por favor.
S: Vamos a ver, si no es que no tenga razón, es sólo que no entiendo cómo se va a explicar el hecho de que Mara sea el protagonista de la historia.
M: Minucias, minucias. ¿Qué pasa? ¿Se cree que la gente juega al Persona por la historia? ¡Tonterías! ¡Lo hacen por los simuladores de citas!
S: ¿Simuladores de...? Los Social Links no son ningún simulador de citas.
M: Lo que usted diga, Soejima. Pero yo me zumbé a todas las del Persona 4 menos a Naoto. Y porque no sabía cómo iniciar el Social Link.
S: Pero...
M: ¿Por dónde iba? ¡Ah, ya! El carro y la nariz y tal están muy bien, si no es por llevarle yo a usted la contraria, pero creo que a Mara le hace falta algo más característico.
S: ¿Más característico que la forma fálica?
M: ¡No, diablos! Me refiero a algo distintivo, algún detalle que quede fresco y bonito a la vista. Quizá una gorra. Sí, una gorra. A Junpei le fue bien con su gorra. ¡Incluso podríamos comercializarla! ¿Me oye, Soejima? ¡COMERCIALIZARLA!
S: ¿Lo dice en serio?
M: ¡Por supuesto! Sigo, pues. He pensado en tunearle el carro.
S: ¿Cómo que tunearle el carro?
M: Desde luego. El otro día me aburrí tanto que me puse a ver la tele. Vi uno de esos programas telebasura raros que hacen ahora... Estos jóvenes de hoy en día... Total, como le cuento, el programa iba de un negraco que iba con todo su gueto a tunearle el coche a un mindundi aleatorio.
S: Sé de qué me habla, pero tengo que decir que la idea me parece...
M: Genial, ¿verdad? He pensado que podría llamar usted al negrito ese para que le ayude con el diseño. Quiero algo agresivo. Algo moderno, arriesgado. Pero sin ser poligonero. Voto a bríos, lo último que quiero es que Mara se gane el apodo de sHeeE MaARaaaH tOH rEEEshuLoON.
S: Le repito que...
M: Nada, nada. Vaya usted a trabajar. Salga de aquí ahora mismo. Anda, guapa, corra a llamar al señor Meguro.
Caym: Sí, sí...
M: ¡CON MÁS ENERGÍA!

Shoji Meguro: ¿En qué puedo ayudarle?
M: ¡Ah, Shoji, Shoji! Eres mi hombre número uno, ¿lo sabe?
SM: ¿Supongo?
M: Ah, mire. Le presento al señor Ciprusm.
Ciprusm: Buenas.
SM: Un placer.
M: Bueno, mire. Quiero que componga la banda sonora para el Persona 5.
SM: ¿Qué Persona 5?
M: Uf, cuántas veces habré oido la misma pregunta esta tarde... Escuche: Me gustan su trabajo y tal, pero creo que para esta entrega vamos a variar un poquito.
SM: ¿A qué se refiere?
M: Mire usté, para eso tengo aquí al señor Cip.
C: Buenas.
M: Sí, sí, ya lo ha dicho antes. Mire, usted va a componer la banda sonora con su ayuda. Así que espero que se lleven bien.
SM: Bueno, no sé... ¿Qué experiencia tiene usted?
C: Me pasé el primer Final Fantasy.
M: ¿Ve? ¡Es perfecto!
C: He pensado que podríamos meter canciones de System of a Down y Metallica, así por la puta cara, en el juego.
SM: ¡Tonterías! Persona siempre ha tenido una banda sonora original.
C: Bueno, eso ya lo veremos.
M: En fin, yo les dejo, que parece que están haciendo buenas migas.

(UN AÑO DESPUÉS)

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Más cosas que odio.

5 abr. 2012

Los universitarios.

Lo juro. Me joden. Los odio. Soy uno de ellos, estoy en mi derecho. Si fuera niño, odiaría a los niños, y así sucesivamente.

Principalmente, porque además quiero decir la verdad. Quiero ser franco con la gente que se mata a estudiar para entrar luego a la Universidad, estudiar lo que siempre ha soñado y todo eso. Olvidaos. No es lo que os imagináis. Vais a seguir exactamente igual que en el instituto. Igual. Hasta vuestros compañeros de clase van a tener la misma mentalidad. Porque los universitarios son subnormales. Entran en clase tarde, hablan o se pasan las clases con el móvil enviando mensajes. Total, que no se lo toman en serio y van a lo que van. Y más en Letras. Que ahora estamos de fiestas e interrumpimos clases para repartir camisetas y hablar sobre lo mucho que vamos a beber.

Poca gente hay que realmente estén ahí porque quieren sacarse la carrera y tener un buen puesto de trabajo en el futuro. Que lo consigan o no, que sean listos o tontos, eso ya es otra cosa. Pero la hay. Muy poca, pero la hay.

Aún así, me limito a generalizar. La sensación que estoy teniendo todo este tiempo de la Universidad es la misma que tuve en el instituto y en el bachiller. No tan exagerada, vale, pero en esencia, es la misma.

El fútbol.


Dantesco espectáculo, si me permiten. No es por meterme con nadie, pero en fin. Pero me cuesta imaginar algo más estúpido, aburrido y anodino que el fútbol. Y he hecho un esfuerzo antes de escribirlo. Ojo.

Y ya no es sólo el hecho de que el deporte en sí no me atraiga lo más mínimo, darle dos patadas al balón y que llegue a la otra portería, súper divertido, oh, sí. Ni tácticas ni estrategias ni pollas, no disimuléis, que sabéis que todo eso es mentira. Y la cosa no se queda ahí, nótese el negocio que se ha construido alrededor de todo. Que si camisetas, que si balones, que si videojuegos. VIDEOJUEGOS. No me metería con el fútbol si él no se metiera conmigo. ¿Debo quedarme callado viendo como intenta penetrar en mis revistas, en mis listas de mejores juegos? Ni hablar. Eso no lo tolero, no señor. Porque no sé si se han dado cuenta, pero los juegos de fútbol son malísimos. Ni el Rockman Soccer  llega a ser decente.

Además, ¿por qué cojones tienen que ganar tanto dinero? Tío, para eso paso de bachiller y paso de universidades y paso de todo. Si con meterte en el mundillo del fútbol, en sólo un mísero año, tienes la puta vida resuelta. Que en fin, habrá gilipollas que lo hagan por amor al arte (palabra clave aquí: Gilipollas), pero vamos. Ahí está. Ahí lo dejo.

El fanservice.

A ver. Soy un hombre. Un tío. A male, a guy, a dude, a bloke. Pero tengo decencia. Y ante todo, nunca he pensado en el otro género como un mero objeto. Hasta aquí bien.

El problema es que la mayoría de los japoneses no lo tienen muy claro. Quizá se amparen en decir que al ser tan sólo un anime, una obra de ficción… Pero ni con esas pueden excusarse de su lamentable comportamiento. Y mira que al principio el fanservice tenía hasta su función cómica y tal. Y en fin, si en una escena un personaje tiene que estar desnudo o semidesnudo por exigencias del guión (voto de confianza al guionista aquí) pues tampoco puedo quejarme.

El problema ahora es mayor. Ahora es tan jodidamente descarado que más que divertir o contribuir a la serie en sí, resulta repulsivo. Muy repulsivo. Ya no entro en el tema de “Es que tienen dos pechos iguales de grandes que su puta cabeza”, que también tiene miga la cosa. Mucha. Porque no creo que sea difícil poner, yo que sé, un tamaño estándar. Y espera, que aún hay más: ¡Hay series enteras dedicadas al fanservice!

Señores. Nos vamos a la mierda.

Los enemigos en el Shin Megami Tensei que son resistentes a los ataques físicos.

DECIDME QUE ME ENTENDÉIS.

La gente sin sentido del humor.

AKA La gente que se ofende con el humor negro. Y no lo digo por tener una buena ristra de comentarios en contra del blog. No, en serio, no es por eso. Que también podría ser, pero vamos.

Y es verdad. Yo tengo mis límites que sé que no voy a cruzar, vale. Por eso me gusta, sin cruzar ese límite (bastante amplio, por cierto), poder escribir entradas o hacer humor sin ningún impedimento. No digo que a toda la gente le parezca hilarante, si algún día lo consigo, que alguien me mate o algo.

Básicamente es la gente que me toma en serio, o se toma en serio lo que escribo o lo que digo. No sé, hay que saber tomarse las cosas con humor. Sólo porque mi hermano tenga un tumor no voy a dejar de reírme si alguien hace un chiste (bueno, claro está) relacionado con un tumor.

No es ser un hijo de puta, es saber tomarse las cosas con humor, insisto.
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Mis películas favoritas (I).

3 abr. 2012

Uno de los temas de los que realmente jamás se ha dicho nada, pero nada, es el cine. Cine, el de la gente en 3D, explosiones, superproducciones malas de Joel Schumacher y Michael Bay, cosas chachis de Tarantino, Estar Guars y toda esa mierda. Es para que no me malinterpreten. No es que el trabajo de Satoshi Kon, por ejemplo, no sea “cine”. Es tan sólo que en mi mente hay una pequeña distinción entre el anime y lo demás. No diré entre Japón y lo demás, que es lo que me apetece decir, puesto que sí que he visto algo de cine japonés. Vale, no, sólo alguna de Gozdilla. Pero cuenta. Y no sé qué término emplear. De verdad, no le quito valor al viejo arte de la animación al no meterlo, en esta ocasión, en este ranking, dentro del término “cine”. Una vez más, pongamos un muro entre anime (y animación en general) con películas propiamente dichas.

Y pido comprensión, puesto que soy el primero que no le sienta bien que se le quite valor a una obra, sea una serie o una película, sólo por el hecho de que sea una animación, de que sea de “dibujitos”. Quizás debería decir, sí, “películas donde los actores son de carne y hueso”, pero es muy largo. Pero sé que si lo etiqueto de una determinada forma, alguien se ofenderá. Porque es importante ponerle nombre a las cosas y ser conciso. Porque Kon es el puto amo y K-ON una puta mierda. Así de importante es llamar a las cosas por su nombre. En esta ocasión, pues, pido comprensión y menos tocar los huevos, en resumen.

Pues eso. Nunca he hablado de “películas donde los actores son de carne y hueso” por una razón: No entiendo de cine. Nada. Cero. Puedo saber si algo me gusta o no. Si un actor es bueno o no. Si es más o menos original, si el argumento está bien, si el guión está bien escrito. Pero poco más. No se me da bien criticar películas en sí. Los animes son otra historia, pues llevo metido más tiempo, sé que tengo que criticar, sé donde sacarle petróleo, sé de qué quejarme, sé que coño tengo que hacer. Normal. Son muchos años. No sé, crecí con series animadas, no vi mucho cine de pequeño. Ahora veo más, claro, pero aún así, no puedo erigirme crítico cinematográfico al igual que lo hice en su día con el anime o los videojuegos.

Total. Que os presento una lista con algunas de mis películas favoritas y el por qué de mi elección y de su puesto (merecido o no) en dicha lista. Aunque en fin, no son cosas raras ni nada. Pues eso.

El Padrino (1972)
Francis Ford Coppola
Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Robert Duvall


Normalmente empiezo con la posición más baja, con el número diez de “Los 10 Mejores”, o el que sea. Pero esta vez no. Esta vez empiezo con lo mejor. Porque me cuesta, me cuesta muchísimo pensar siquiera que podría existir una película mejor o que me gustase más que El Padrino. La verdad, cuesta creer que exista una “obra maestra” en cualquier campo, ya sea cine, música, videojuegos, lo que sea. Y no creo que la haya. Claro, también creo que esta película puede acercarse a esa idea bastante. Digo yo.

Porque, no sé, todo en El Padrino me gusta. Y no sólo se limita a la película, qué va. El libro es igual de bueno, o mejor, e incluso el videojuego para PS2, sorprendentemente, también es decente y me gusta mucho. En cuanto a la película en sí, poco más tengo que decir. Reparto excelente, una banda sonora magistral de Nino Rota y en general, una de esas películas que han hecho mella y han entrado a formar parte de la cultura popular. Y si lo sigue siendo, pues mejor.

Intocable (2011)
Olivier Nakache, Eric Toledano
François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot
 
Gente más entendida en el tema que yo sabrá que hay más cine francés fuera de Amélie. Claro. Pero digo cine decente.

La verdad es que Intocable es una película que me caló bastante hondo. No es que te haga filosofar sobre el sentido de la vida, pero te hace ver desde otro punto de vista la amistad.

Vale, la cosa va así: Tenemos a nuestro protagonista, Driss, un hombre de raza negra que vive en un barrio de mala muerte y acaba de salir de la cárcel. Y buscando trabajo, indirectamente acaba como asistente de un tetrapléjico millonario. Sí, ambos son como el día y la noche, tienen sus diferencias, mierda por aquí, mierda por allá, felación que te crió. No es nada nuevo. Pero el enfoque que se le da a dicha relación es magistral: Por una parte, como era de esperar, tiene sus momentos tensos y dramáticos, momentos en los que se desarrollan los personajes y la trama y todo eso, total, que está todo muy bien. Sí. Por la otra parte, hay que admirar el humor descarado y negro que inunda toda la película. Hay un señor inválido, sabes por donde van a ir los tiros hasta cierto punto. Lo sabes. Y te ríes. Y te sabe mal. Fatal. Pero te ríes.

Sumado a las buenas actuaciones y la banda sonora, que sí, todas las pelis francesas tienen una buena banda sonora, esto es así, Intocable no tiene ningún desperdicio.

Watchmen (2009)
Zack Snyder
Jackie Earle Haley, Malin Akerman, Billy Crudup, Matthew Goode
 
Hay que admitir que Snyder da de qué hablar. Y eso que apenas ha dirigido nada. Me gustan 300 y Watchmen, pero ésta última me gusta bastante más y puedo explayarme. Por el simple hecho de haberme leído el cómic.

Vamos a ver. Siempre se ha tenido mucho en cuenta, al hacer una adaptación, la similitud con respecto a la obra original. Y lo he defendido varias veces en algunas críticas de anime, y lo vuelvo a defender ahora. No sé si se han leído el cómic de Watchmen. Hoy día pueden encontrar el enorme tomo, tamaño enciclopedia, por 35 euros en cualquier tienda especializada. Yo tuve la suerte de encontrarlo en la Biblioteca Regional, así que pueden mirar también si residen en una ciudad grande. Porque, de verdad, es de lo mejorcito que hay en el mundillo del cómic. Y eso incluye el japonés. Lo recomiendo. No le dirigiré la palabra a nadie que no lo haya leído. Pero, divago.

Total. ¿Es la producción de Snyder fiel al genial cómic original? Pues sí, y no. Es fiel hasta cierto punto. Bastante entrado, sí. Muchos de los diálogos están sacados palabra por palabra de él. En realidad, si no eres un quisquilloso, lo único que cambia es el final. Pues vaya, dirás. Bueno, quizá. Pero, eso sí. La verdad es que, no me importa los cambios que hagan con respecto al original, siempre y cuando el resultado sea coherente y no insulte a éste. ¿Pasa Snyder la criba? Sí. No veo por qué. Siendo francos, en cualquier caso, veo bastante difícil que el final del cómic hubiera colado en la película. No es ni mejor ni peor, por lo menos a mí me resulta igual de natural que el original.

Resumiendo, que si quieren ver una peli de superhéroes que no es de superhéroes, ya saben. Aunque sea por ver a Rorschach, que Haley hace un papelón.
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Cosas que odio.

1 abr. 2012

La verdad, uno ya se cansa de hacer fácil burla de series y sitios web, que más tarde son tomadas en serio, increíblemente. No, de verdad, ¿K-ON y entradas similares? La virgen. Y aún habrá alguien que se creerá que eran entradas serias que reflejaban mi pensamiento y opinión y tal. Pero que en fin. Repito, por si las moscas. Un amplio porcentaje de las entradas que escribo, por favor, no son para tomárselas en serio.

Por lo que, poniéndonos en una de esas ocasiones en las que hablo, escrito y comunico con franqueza, he pensado salirme más de la tangente. Vamos a ver, no soy ningún amargado, pero como tú y como tu hermana, tengo mis manías y mis cosas que no soporto. Cosas que odio. Es fácil cuando es algo tan específico como X anime o Y videojuego, pero hablando en términos generales, no lo es. Porque aquí no hay nada de odio gratuito. Casi todo tiene un motivo tras de sí. Sinceramente, no pretendo ni quiero que estéis de acuerdo, o en desacuerdo, conmigo. Sólo que entendáis hasta cierto punto el por qué de mi falta de gusto sobre ciertas cosas.

Pues eso. Cosas que odio.

Las Blackberries.



Me refiero realmente a todo el fenómeno que ha surgido con los nuevos teléfonos móviles de última generación. Aunque si, para qué os voy a engañar: Las Blackberries son feas de cojones. Esto es así. Si tienes una, francamente, dudo de tu sentido del buen gusto.

Como si los móviles no hicieran parecer lo suficientemente gilipollas a la gente, alguien tuvo la idea de hacer que fuera posible conectarse a Internet desde ellos. Y, en fin, tampoco vamos a meternos en detalles sobre Internet esto, Internet esto otro, pero que también daría de qué hablar. Lo que intento decir es lo típico, tachadme de repetitivo, no es nada que no hayas leído ya, pero cada vez somos más esclavos de las nuevas tecnologías. Y en realidad, es esto lo que odio.

Me centro principalmente en los móviles por el simple hecho de que todo el puto mundo tiene uno, y un gran porcentaje de ellos, si no prácticamente todos, tienen posibilidad de acceso a Internet. Que ojo, Internet es una herramienta útil (y lo necesito para publicar este artículo, qué demonios) pero se puede vivir sin conectarse. Yo no tengo Internet en mi puta casa, por ejemplo. Y aquí sigo.

Más cosas, las aplicaciones gratuitas. El Güasap, como sea, ni me voy a dignar en buscar cómo se escribe, es la más notoria y cancerígena. Que sí, que vale, mensajes gratuitos siempre y cuando quieras, muy chachi. Si es la monda, si lo sé. El problema viene cuando nadie, y digo nadie, va por la calle mirando al frente porque está demasiado ocupado comprobando que ninguno de sus ridículos amigotes les ha dejado alguna memez en esta aplicación. En la calle, en el supermercado, en el coche, follando (verídico). En cualquier lado. Da igual. No vaya a ser que sea algo importante. Cuidado. Que los videos de caídas y los Powerpoints de gaticos no pueden esperar.

Lo nuevo.

Lo nuevo, sí. Me explico. Es aquel concepto, aquella idea popular de que cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, si salió al mercado un día después que otra cosa, la primera es ampliamente, infinitamente e indudablemente mejor.

Noté mi odio evidente cuando un compañero me preguntó por mi móvil. En aquella época, pues tampoco eran gran cosa, tenía uno normalito, apenas servía para escuchar música. Este chico, resulta que tenía una versión de mi mismo modelo que salió unos pocos meses después, con alguna tontería más y alguna mejora nimia. Mi compañero se estuvo riendo bastante rato de mí por tener un “móvil de mierda, el mío es muchísimo mejor”.

Este fenómeno también ocurre con bastante frecuencia en otros aspectos que, encima, me gustan. Música. ¿Has escuchado la radio? ¿Cuántos “números uno” hay ya? No menos que remixes de Pitbull, eso seguro. La cuestión es que muchos de los artistas que un día son considerados como lo mejor del momento, a la semana siguiente hay otro insulso grupo o artista con una canción insípida que es igual de insípida que la de la semana anterior, que, ¡magia! Ahora es lo mejor del momento.

Odio esta mentalidad, lo siento. No es que lo viejo o lo clásico sea necesariamente lo mejor o lo peor. Simplemente, un poquito de criterio, señores. Porfa.

Los botellones.

Y los jóvenes se regocijan ignorantes en la ingesta de cantidades ingentes de alcohol, el cual les apartará de la perspectiva de un futuro prolífico.

La cuestión es que, vale, yo soy abstemio, pero en fin, no tengo nada en contra del alcohol. Y tampoco estoy diciendo nada nuevo, esto es la misma mierda de siempre, sáltatelo si quieres. Pero es lo que hay.

Porque los adolescentes son gilipollas. Yo he sido, y casi que sigo siendo uno de ellos, así que lo sé de primera mano. Y, créeme, lo son aún más cuando están reunidos, el grupo de amigotes, bebiendo como si fuera lo mejor y lo más guay que puedas hacer con tu vida, haciendo fotos para Tuenti y pillando comas etílicos.

Pero bueno. Yo leo a Shakespeare y juego a Pokémon. No soy lo suficientemente guay como para decirles qué es lo que tienen que hacer. Así que, lo dejamos aquí.

El anime de Pokémon.

Nunca se puede criticar tanto un anime como se ha criticado y se criticará a la adaptación de Pokémon. Nunca habrá suficiente odio.

Quizá se acuerden del juego (sí, ironía), pero una de sus características principales es la evolución, lo que es el pequeño cambio progresivo que no sólo ves en tu equipo, sino también en tu inocente mente de niño. El juego logra transmitir esto, la sensación de cambio, la sensación de que con esfuerzo puedes cambiar y hacerte mejor. Es una chorrada, pero en los años noventa, esto era a lo que más podía aspirar un videojuego.

No obstante, el anime es siempre igual. Los personajes son siempre iguales. La moralidad es igual. Nada cambia. Sigue siendo la misma mierda hace diez años que ahora. Y lo seguirá siendo, no te quepa duda.

La mala música.

Hay una cosa curiosa que me pasa siempre que escucho mala música: Me pongo de mala hostia. Así puedo distinguir cuando algo es bueno o malo.

Ojo, no digo que la música me guste o no me guste. Eso es otra cosa. Me refiero a un punto crítico, un pilar objetivo desde el cual mirar y admitir si un grupo o género es bueno o no. Por lo que, lo típico, el reguetón, los remixes, música pop moderna, dance, como se llame, toda esa mierda. La basura clásica de la radio. Que el otro día pusieron una de REM, sí, lo sé, pero vamos. Ya me entendéis.

Y estas son las cosas que odio. No sé. Habrá más. No. Hay más. Continuará. Fijo.
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